miércoles, 17 de octubre de 2012

Mónica

Originalmente la dedicatoria decía: Para una nueva amiga, cuyo arte me provoca gran admiración e inspiración; igualmente intercambiar ideas y palabras. Hace mucho no conocía a una persona tan interesante e inspiradora y digna de tanta admiración.
Ahora se la dedico a mi novia, más que mi novia a mi musa y fuente de inspiración.

I
Mónica

Mónica, mujer con alma de artista
los ojos soñadores y la piel adornada de pecas, como al cielo lo adornan las estrellas.

En mi cabeza, su cabello fluye en el cielo, entre las nubes y dirigido por el viento.
Sus trazos recorren los lienzos de la vida, pintando por doquier con su alma innata de artista.

Solía admirar su belleza, sus hermosos rasgos, su sonrisa y su penetrante mirada.
Me animé a cruzar con ella unas palabras, para descubrir que sus pensamientos fluían libremente en su mente.
Que nuestras ideas eran compatibles y podían danzar en sincronía al son de una melodía de guitarra.

Danzar, como sus pies que danzan perfectamente con una melodía de jazz, tango o un ballet
¿Me enseñarías alguna vez a bailar?

Ella dice, que mis versos son una fuente de inspiración para su arte
Este arte es todo tuyo, mi querida nueva amiga
Has sido solo tu, la que me has inspirado esta bella noche, adornada por estrellas, como tu piel se adorna con pecas.

II

Hay algo en ella

Dicen que la primera impresión es muy importante, pues, a mi me gustaron sus ojos
sus ojos dulces y profundos, en especial risueños
su cabello ondulado y largo
su hermosa piel decorada de pecas.

Una fotografía no habla lo suficiente de lo hermosa que es, ni porque se mire dos veces
pronunció su nombre todos los días en mi cabeza
y ya voy escuchando lo que me trasmite su sonrisa. 

Desearía que hubieran cientos de canciones con su nombre
Ya se que cantaban Los Beatles cuando decían "que había algo en ella"
Hay algo en ella, algo que no tiene nadie
Algo irrepetible, algo sagrado, algo extra corpóreo....

Y yo solo espero que llegue ese día, en que pueda sentir esa mirada
sentir esa sonrisa que me canta, me transmite 
Solo espero ese día de la semana en que pueda sentarme ahí frente a ella
Y escuchar, admirar sus palabras..

Definitivamente "hay algo en ella"
Y tal vez no sea algo, seguro es todo 
seguro son todas sus sagradas palabras
su sagrada figura
que me hablan antes de dormir 

Si... hay algo en ella, algo indudable. 

III

El eco de su nombre

El eco de su nombre resonaba en mi alma,
Una melodía, una canción…
Recuerdo el día que sus ojos me atraían, antes de tenerla en mis brazos no podía dejar de mirarla
Era su cabello, era su rostro
Era el llamado de su alma, la conexión con la mía.

Y algo me dice que te conozco de algún lado, de otra vida
Algo en ti me llama, una fuerza natural pero sobre humana
Podría jurar que tengo recuerdos más allá de lo que hemos vivido

La primera conversación
El primer roce de piel
La primera vez que te bese y el temblor en las piernas

En el poco tiempo, las batallas que me has ayudado a ganar
El aliento que me has ayudado a recuperar
Las palabras que me has ayudado a decir
El aliento que me has dado para seguir

Y así recuerdo los primeros versos que te escribí, sonriendo de felicidad
“Mónica, mujer con alma de artista
los ojos soñadores y la piel adornada de pecas, como al cielo lo adornan las estrellas.”
Fuiste mi dulce musa desde ese primer verso y lo eres todavía
Y porbablemente fue tu escencia que me visito desde antes, cuando escribía sobre sensuales mujeres artistas
Princesa de mi mente, te mereces no solo un poema si no toda una sinfonía en tu honor
Te estaré esperando todas las noches en tus sueños
La musa de mi mente
La dueña de mis pensamientos
Mujer de alma de artista y ojos soñadores…

IV 
Princesa de labios rojos 

No puedo dejar de agregar versos a la sinfonía 
Cada vez que cierro los ojos veo a mi musa 
Cada uno de mis sentidos existen ahora para glorificarla
Princesa de labios rojos, de pecas en su cuerpo 
con la virtud de embellecerse cada día, progresivamente. 

Ahora puedo ver sus pies danzar a la luz de un escenario, a la luz del sol o la tenúe luz de una recamara. 
Siempre con sus movimientos tan perfectos, tan celestiales, tan espirituales.

Es una oda interminable 
porque cada vez que me pierdo en su mirada
miles de versos poseen mi cabeza 
Es una oda interminable, porque mi amor no tiene fin. 
Es la oda interminable, porque la princesa de labios rojos
se merece todos los versos que salgan de esta mente 
todos los besos que salgan de estos labios 
todas las caricias que salgan de estas manos 
y todo el amor que emane de este cuerpo 
este cuerpo de poetisa poseída por el amor, 
el amor de una princesa de labios rojos. 

sábado, 13 de octubre de 2012

Planeta Infierno

Miraba hacia la ventana, con una mezcla de terror y espanto, hoy era el día en que podía contemplar el fin con mis propios ojos.
El fin del que todos habían estado hablando desde el principio y si hemos de ser lógicos bajo estas catastróficas circunstancias, era de esperarse que algo que había tenido un principio llegará a su fin.

La esperanza se había ido, y todo fue tan rápido, y ahora todo es tinieblas. Los pocos niños de brazos que quedan, sería mejor que no hubieran nacido nunca, bajo este infierno terrenal, mirando por la ventana me convencí a mi misma de que no había nadie que pudiera hacerse llamar "Salvador"; nadie había muerto nunca por la raza humana, si fuera mi salvador me hubiera llevado antes de contemplar tanta desolación con mis mortales ojos.

Podía recordar los días en que todavía el sol no tenía vergüenza de iluminar nuestros rostros, ahora simplemente se había vuelto para el otro lado y había dejado a la oscuridad predominar para siempre. Era una cruel broma, si verdaderamente existía alguien que escuchara nuestras plegarias había de ser un gran sádico, totalmente excitado ante nuestras plegarias y humillaciones.

Podría haber sido que no le hubiéramos pedido con suficiente fe, que no le habíamos lamido los pies con suficiente devoción que había enviado a sus ángeles más perversos y enfermos ha desatar tal peste sobre nosotros.

Por momentos prefería cerrar los ojos y tapar los oídos para desconectarme de mi triste realidad, y yo estaba ahí contemplando el suicidio desde el primer momento en que había vivido en carne viva el mismo infierno y aún así había un rayo de esperanza que me decía que esto iba a terminar, que todo principio tenía un final.
La historia, prefiero grabarla en un pedazo de papel, que se pueda consumir junto con los restos de las pobres almas que habitaron este poblado infierno.
No tengo memoria hace cuánto empezó nuestro sufrimiento, pero, recuerdo que empezó como vagas notas del periódico sobre medicamentos descontinuados debido a que los cuerpos habían desarrollado una especie de inmunidad a ellos, notas cada vez más frecuentes, científicos cada vez más alarmados y por último medidas cautelares cada vez más extremas.

Cuando las personas empezaron a morir a montones por gripes o pequeñas infecciones, cuando se tuvieron que quemar los cadáveres por pilas y se hablaba de una nueva peste, una peste moderna. Nadie podía imaginar tal tipo de pandemia y es que no era una pandemia; nuestros propios cuerpos se estaban matando a sí mismos.
El fenómeno se había explicado como un tipo de inmunidad hacía las defensas. El propio cuerpo había desarrollado inmunidad hacía los propios antibióticos y medicamentos; las defensas producidas por el cuerpo habían quedado "obsoletas" por decirlo de algún modo, ante las enfermedades, virus e infecciones que se hallaban totalmente fortalecidas y todos estábamos en riesgo.
Pronto, todos empezaron a morir y enfermar, una simple gripe podía ser mortal en cuestión de 24 horas y ya no había nadie que nos salvara, los científicos habían dejado de hacer experimentación o muerto en el intento.
Las teorías de conspiración no tardaban en llegar, que había sido un arma biológica del gobierno de Estados Unidos, hasta que llegaban las muertes masivas a la Casa Blanca y en cada rincón del mundo.

Y luego vino el colmo de la humillación, los trajes blancos y esterilizados que debíamos usar las personas "sanas" para protegernos contra cualquier tipo de amenaza. Y luego vino el caos ,a frialdad y la falta de humanidad.
Pronto quemar cadáveres por pilas gigantes se hizo rutina, atentar contra la vida de un enfermo una necesidad y convertirnos en salvajes; un verdadero placer.

Ahora podía observar fuera de la ventana de mi improvisado refugio, la oscuridad y la penumbra, las filas de cadaveres, el llanto de madres desconsoladas por sus hijos enfermos, personas aferrándose a una esperanza, que más que esperanza era una ilusión. Todos con grandes trajes blancos esterilizados, como números, como sirvientes ante una causa perdida, como ovejas caminando hacía nuestros mataderos.

Y yo solo me dispondré a recostarme aquí y recordar los días en que podía sentir el tacto de otras personas, respirar el aroma que traía el aire, contemplar las flores y sentir el sol que no se sentía avergonzado de nosotros. Si tan solo antes de mi muerte, pudiera sentir unos labios rozar los míos, unos dedos recorrer mi espalda desnuda o un simple susurro de "todo va a estar bien". ¿Acaso merecía yo morir sin esperanza?

Pero, esos días ya habían pasado y sabía que el único futuro era esperar mi propia muerte, porque me sentía enferma desde adentro, tal vez era la falta de contacto, la desesperanza, el asco que sentía por lo que nos habíamos convertido o verdaderamente estaba muriendo de la peste moderna...
De todos modos me quité el traje y me acosté desnuda, cerrando los ojos pensé en hacer una última plegaria y luego recordé que mi padre me había abandonado, en realidad nunca tuve un padre y esperé a que mi corazón dejará de latir y me convirtiera en simples cenizas que adornaban este Planeta Infierno.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

La placentera fragancia del cuero

Las ataduras de cuero apretaban mis muñecas de una forma  seductora y tentativa, subiendo mis brazos por encima de mi cabeza, sin que mi conciencia pudiera o quisiera liberarse de esa placentera tortura. En mi cara, mi ama había colocado un vendaje negro y yo cerraba los ojos, con obediencia, con sumisión a sus torturas, con adicción, totalmente ansiosa por el momento en que la punta de sus dedos rozara mis pezones totalmente erectos.

Mi cabeza descansaba con el vendaje en los ojos, pero, yo no hacía más que preguntarme:
-¿Dónde esta ella? ¿Cuán lejos se encuentra de mis ansiosos senos? 
Quería mover mis manos, pero las ataduras no me lo permitían y el dolor de mis intentos hacían a mis piernas humedecerse cada vez más.

No se cuánto tiempo paso, hasta que empecé a percibir ese dulce y placentero olor, esa fragancia a sexo mezclado con cuero, esa esencia que me hizo retorcer de deseo, mi cuerpo la deseaba, mi cuerpo deseaba cada parte de ella; su fragancia, su cuerpo y sus instrumentos de cuero. 

Escuchaba el ruido de sus tacones altos bajar las escaleras lentamente, causando espasmos a mi  desesperado cuerpo, cada vez más tentado y  liderado por los instintos. La razón y el sentido del tiempo ya se habían ido mezclados con la omnipresente fragancia; que no solo llenaba mi nariz, si no también mi alma, mis pechos y mi clítoris erecto.

La sentía rondándome, cuál depredador espera y observa para cazar a su presa; en este caso totalmente amarrada e indefensa y con una significativa diferencia; su presa deseaba ser comida; más que ser comida, devorada por una leona que no hubiera comido en semanas. 

A estas alturas, los espasmos eran incontrolables y ella lo sabía y lo disfrutaba; en un momento sentí como e se sentaba justo entre mis piernas; dejando que su aliento, calentara mi cuerpo con pulsaciones incontrolables; sentía que la respiración se me cortaba, solo su fragancia me quemaba la garganta, no estaba segura de cuánto tiempo más podría aguantar y respirar. 

Escuché cuando sus tacones se levantaron y podía percibir sus violentos movimientos, estaba claro que la bestia ya tenía hambre y deseaba ser alimentada, la sentía cada vez más cerca , hasta que me rozo el vientre y luego bajando hasta mi pelvis. Podía imaginar su sonrisa burlona, viéndome humedecer incontrolablemente. 

Percibí sus propios espasmos, imaginando sus ojos llenos de lujuria confirmar que el momento tan ansiado había llegado, mis propias piernas lo confirmaron , el momento de los golpes; primero débiles y tentadores convirtiéndose en un látigo que llenaba cada parte de mi cuerpo de exquisitas marcas rojas. 
Cada latigazo desprendía el olor embriagante a cuero y me desesperaba, lo ansiaba, lo deseaba en cada parte; el dolor deseaba penetrar mi piel y mi piel ser penetrada. 

Estaba escuchando su respiración, ella me deseaba tanto como yo a ella, el látigo cayo al suelo y sus labios rozaron los míos, me imaginé sus labios rojo carmesí, pasaba sus dedos por mis labios, los jalaba, los penetraba con las puntas de sus afiladas uñas, su lengua pasaba por la comisura de mis labios; mientras su cabello revoloteaba cercano a mis pezones erectos; me permitió lamer y morder las puntas de sus dedos para luego jugar con mis mejillas; calientes de la excitación. 

La depredadora hizo su ultimo movimiento, colocando su rodilla desnuda entre mis piernas; me obligo a murmurar unas cuantas suplicas mientras me desamarraba las muñecas marcadas. Me empujo al suelo y las velas se apagaron.

Con el omnipresente y placentero aroma a cuero como único testigo, había empezado el verdadero festín. 








sábado, 15 de septiembre de 2012

Drowning butterflies

She used to love chasing after butterflies,
with their colored wings
dancing on the air
One sunny day, she just opened her mouth and swallowed some butterflies
And she did it again, she swallowed a bunch
They were dancing in her stomach
First they felt warm
But then they made her want to throw up
But she couldn't
They were stuck in her throat

Maybe she could try with a knife
try to go in, and take them out.

Maybe she can use a long stick
to pull them out
to scare them out.

But the truth is, the best way is to drown them
one by one
drinking some arsenic
but they are strong
they keep arrousing
every day
every night

Waiting for their moment to die
She just wants them out
puking arsenic mixed with dead butterflies
crying every day, evry night
waiting for them to die.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Del amor a la morgue.

La luz intermitente venía del poste eléctrico, que se levantaba alumbrando parcialmente la ruta del amor. La ruta del amor, era más que una calle con nombre cliché, de hecho su nombre venía de la cantidad de parejas que expresaban su amor libremente en la ruta , bailando al compás de una música interior, besándose en armonía, bajo la luz intermitente, esta ruta era testigo de los poemas más románticos y de las intimidades más arriesgadas.

Todas las madrugadas era costumbre, ver a alguna pareja pasar por la ruta del amor, pero esta pareja era diferente. Sus manos se juntaban más apretadas de la cuenta, la mirada en sus ojos, las sombras no tenían sentido alguno. Empezaron a bailar, pero sin intimidad, sin mirada de complicidad, sin ritmo, sin son ni canción. 
Los movimientos bruscos, la agresividad, manchaban por primera vez la calle del amor, las manos de ella se deslizaban por el cuerpo de el buscando una oportunidad, mientras que sus movimientos agresivos perdían el ritmo de baile. 
La luz del poste reveló un secreto en las manos de ella, un revolver apuntaba a la sien de su pareja de baile, un revolver que brillaba en la ruta del amor, que en ese momento  perdía su significado. 

La mujer en tacones rojos y corto vestido negro, alumbrada por la luz intermitente y con su compañero, aun en posición de baile, petrificado frente a una mujer decidida a halar el gatillo. 
Casi como ensayado, la mujer lo hizo, en la sien de su pareja, su pareja vulnerable con cara de sabe-lo-todo.
De su revolver salió la bala, cargada de malas intenciones, de burlas, con la intención de herir mortalmente y luego de esto la mujer corría con sus tacones, mientras la cabeza de su pareja derramaba sangre por toda la Ruta del amor, manchando todo con discordia, con celos, engaños y mentiras. 


En la mañana yacía el cuerpo de aquel hombre, en una fría mesa de Morgue, sin los cálidos  labios de su compañera de baile, con una cicatriz verdadera que lo cortaba en dos, un cráneo destrozado y en su dedo pulgar guindando una etiqueta que decía su nombre y más que su nombre, su verdadera identidad, su verdadero pecado y traición. 
El forense limpia de sus manos la sangre derramada durante la autopsia, la sangre que una vez era su líquido vital ahora corría por el desagüe formando un río por el que se iban las lágrimas ya derramadas y las mañanas que ya nunca iba a presenciar,  los sueños interrumpidos y las ilusiones rotas. 

En la morgue todo era frío, los bisturís descansaban a la par de cuerpos inertes y en el centro de dos cuerpos desnudos y mutilados, el cuerpo del amante recibía una visita inesperada. 

La de tacones rojos, entraba con la cabeza baja derramando lágrimas que le bañaban la cara, y cubierta por un velo negro, semejante a la de una viuda agonizante. 
A la par del cuerpo de su víctima, derramaba lágrimas de mentiras, lágrimas ensayadas que caían en su escote. 
Mientras el forense daba golpes, con intención de animarla, en su espalda; la mujer gritaba...

Pidió unos segundos a solas con el cuerpo, le guiño un ojo, sabía que había ganado el juego, el cuerpo ya estaba mutilado, así que se marcho sin levantar sospechas. 

El Forense archivo el cuerpo, en una oscura bóveda, tan oscura como la ruta del amor con su poste eléctrico intermitente; escribió algunos números en el archivo y cerró la bóveda. 

Y la Ruta del Amor se tiño de rojo y ya no habían enamorados que pasarán por ahí, la ruta del amor estaba maldita y solo el par de tacones rojos se atrevía a dar un paso alumbrada por la luz intermitente. 


martes, 4 de septiembre de 2012

¿Por qué lloras?

¿Por qué llora? Esta pregunta la escucho casi diariamente. ¿Por qué llora? Como si pudiera explicarles el porqué de mi llanto, como si pudiera explicar en unos cuantos minutos prestados, porque cada vez que me emociono, los sentimientos me salen por los lagrimales.
Creo en el llanto como una forma primitiva de supervivencia, como la primera reacción que tiene el ser humano ante un entorno desconocido, cuando se le es arrancado de la seguridad del vientre de su madre, hacía el frío de un mundo desconocido.
Creo en el llanto, ya cuando él bebe está más desarrollado,  como una forma condicionada de supervivencia, de satisfacer sus necesidades más básicas.
A medida que crecemos, el llanto se va haciendo una respuesta, una respuesta a un estímulo. Lloramos cuando nos emocionamos con una película, con una canción, lloramos cuando perdemos algo, lloramos cuando perdemos a alguien, lloramos por mal de amores, lloramos por tristeza, por ausencia de felicidad, por soledad…
Llorar por tantos motivos, llorar por desprecio, llorar por soledad, por enojo, por decepción, por felicidad, por desesperación, llorar porque esa es la salida que conocemos algunos para desahogar las desgracias de la vida. 
Sentarse al frente de una ventana y llorar con todas las fuerzas de nuestra alma, llorar abrazados con una persona amada o totalmente solos. 

Llorar al frente de un ataúd abierto, en la oscuridad de un cuarto vacío, en un rincón, encima de la almohada, llorar en la calle, camuflando las lágrimas entre las gotas de lluvia que caen a las cuatro de la tarde y llorar caminando en una mañana soleada. 

Como en mi caso personal, llorar porque sentí ganas.
-¿Por qué lloras?
Porque sentí ganas de sacar mis sentimientos por los ojos, darles un recorrido por mi rostro y que mueran en las comisuras de mis labios.
-¿Por qué lloró?
Porque en mí teoría, nací en un océano de lágrimas, que me han acompañado toda mi vida, como reacción natural a las emociones fuertes, porque no puedo esconder en los momentos que sufro.
Lloro, porque es la manera que conozco para expulsar mis penas de mi cuerpo, porque la vida me enseño así, a llorar cuando siento ganas, lloro cuando me siento triste, porque no siento natural sonreír cuando estoy triste, aún lloro como forma primitiva de supervivencia, para sobrevivir a mis propios demonios.
En mi vida, el llanto es más que una reacción biológica, es la forma en que mi cuerpo me recuerda que estoy viva, me hace sentir.
Uso mi llanto para sobrevivir, para después de haber expulsado las penas de mis ojos, susurrarme a mí misma que todo va a estar bien, que aún existo, que aún me emociono y sobre todo que aún respiro. 

lunes, 20 de agosto de 2012

El vacío de tu ausencia

Caminé hacía el borde del abismo, con paso corto y tambaleante...
Tal vez ambos sabíamos que al llegar al risco, no iba a haber vuelta atrás
pero, volvía a caminar, negando la existencia del abismo y su profundidad.

Al llegar ese día, bajando la mirada, observé la profundidad de la caída, la oscuridad que me rodeaba
y cuando volví la mirada, ya te habías ido
y cuando decidí ver al cielo, ya no había sol, solo nubes grises
y cuando vi el terreno que estaba pisando, ya no era siquiera tierra mojada
era lodo, estaba sucio, ya nada era igual.

Observé mis dedos moviéndose e inclinándome al vacío
Llame tu nombre, y ni siquiera el eco me contesto
Clamé que volvieras, y el propio viento se enfureció, haciéndome tambalear a la orilla del abismo.

Las lágrimas caían desde mis ojos, hasta las comisuras de mis labios, que gritaban tu nombre
Trataba de aferrarme a ese pedazo de tierra, pero ya no había razones para hacerlo
Ya no sentía su suave y cálida mano sobre la mía.

Intente no caer, pero, todo era en vano, ya no habían razones para luchar
decidí brincar con el aire.
Caer en caída libre, sin nada que temer, es semejante al vacío que siento por tu ausencia
La ausencia de miedo al peligro, por no poder desear un minuto más de vida
en el silencioso camino al abismo.

No supe si caí o no, o que paso en el camino
lo cierto es que el eco de mi llamado desesperado en tu nombre resuena en mis oidos
solo un minuto más, antes de caer a tierra
un último beso, una última caricia.

No entiendo cuando empecé a caminar hacía el abismo, cuando me desvíe de ese camino
donde el sol salía y yo era feliz.
Ahora solo siento el vacío de tu ausencia
que me desgarra el alma.